Exponer aquí por qué me gusta Melancholia es explicar, también, por qué adoro a Tarkovsky, Bergman o Dreyer. Mi relación con este tipo de cine es prácticamente proporcional al amor que profeso por la filosofía. Antes de empezar a discutir dicha cuestión añadiré que esta entrada parece más una defensa que un simple comentario. Esto es gracias al fabuloso y aniquilante artículo que ha publicado hoy Antonio J. Rodríguez sobre la última película de Lars von Trier. Entiendo y respeto su posición pero no la comparto en absoluto.
Melancholia no es partícipe de ningún discurso de profeta romántico desencantado con el mundo que condena la especie humana por su superficialidad y decadencia. No veo a dicho personaje en ningún plano. Kirsten Dunst, la única que podría personificarlo, desempeña una puesta en escena que dista mucho del arquetipo aquí planteado. Afirmar que el quid de Melancholia se encamina hacia esta dirección es una formulación demasiado simple. Si algo he aprendido estos años chupándome cine de autor como quién come quicos, es que cada director tiene su propia marca. Distinguimos si un film es de Tarkovsky o Antonioni por el tratamiento del tema escogido, el escenario, la iluminación, el vestuario o el desarrollo y creación de los personajes, mucho más que identificando su nombre en los títulos de crédito. En este sentido, si sabemos cómo se desenvuelven las actrices de Lars von Trier frente a la cámara, entendemos por qué Justine no da vida a la visión melodramática decimonónicamente demodé que pretendemos revocar.
De entrada, convenimos en que el argumento hace referencia a la experiencia traumática de un núcleo familiar muy reducido en relación con el impacto de un planeta contra la Tierra. Además, debemos añadir que si no recurrimos a la posible misoginia de von Trier para justificar que Charlotte Gainsbourg se automutile los genitales en Anticristo, tampoco alegaremos que la trama planteada en Melancholia sea consecuencia directa de la egocéntrica y bipolar misantropía del cineasta danés. A mi juicio, no es posible analizar a Justine como un personaje aislado puesto que éste es uno más de larga lista de excéntricas anti-heroínas de Lars von Trier. Las mujeres que aparecen en sus películas no son para nada neuróticas románticas en potencia. Nicole Kidman, Björk, Emily Watson, Charlotte Gainsbourg y Kirsten Dunst entre otras, encarnan personajes de una profundidad increíble y este rasgo es, precisamente, un lugar común muy frecuentado por el director. Las rarezas y trastornos que padecen son necesarios para entender el mensaje del film y jamás se convierten en el tema central de éste.
El fin del mundo que describe Lars von Trier es metafórico. Manuel Vilas propuso en su blog, de dónde salió una interesante discusión en facebook, que el artista danés muestra un nueva perspectiva frente al apocalipsis; algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Hollywood. Me uno a su veredicto pero aún diría más. La intención del citado cineasta es proporcionar al espectador las suficientes herramientas para que se cuestione sobre la condición humana. Melancholia se sustenta en lo disímil que puede llegar a ser reaccionar sobre un mismo acontecimiento tan irremediable: tener constancia de que uno va a morir y decidir cómo va a vivirlo. El film se estructura a partir de los distintos puntos de vista de los cuatro personajes principales: Justine, Claire, John (el marido insufrible que protagoniza Kiefer Sutherland) y el niño; muy en la línea del relativismo fenoménico y moral de Kurosawa en Rashomon. De este modo, podría interpretarse esta tipología de cine como una nueva forma de hacer de tratados de filosofía.
Sin duda alguna, la propuesta de Lars von Trier es muy estética. Sus films son experimentos técnicos en base a acepciones del movimiento Dogma. Mas, dejando a un lado el aspecto lírico de la imagen y retomando el artículo de Antonio, me parece muy conveniente que haya recurrido al gag de Eloy Fernández Porta para ilustrar la negatividad de Melancholia. En mi opinión, el citado episodio de Eros sostiene una tesis demasiado elitista. Que las subjetividades de lujo se devalúen y devengan subjetividades basura porque alguien decida transmitir ese sentimiento a un público masivo, repito, es considerablemente elitista. El obrero danés debería experimentar el mismo sentimiento de angustia y preguntarse cómo quisiera morir si fuera a suceder en las próximas tres horas, que el experto periodista de la fila 15 asiento 26 invitado a Cannes para escribir sobre Melancholia. El trabajo de Lars von Trier no es un mal uso de la hipotética subjetividad de lujo a la que quiere hacer referencia mediante su mensaje. Pero sí estoy de acuerdo en que la labor de este cineasta, consciente o no, es transmitir sensaciones que no son propias del cine, sino que parecen estar más cercanas a la filosofía. Los publicistas Lars Bergman y Ingmar von Trier recogen una subjetividad de lujo que derivaba de un campo limitado y la transfieren a otro sin despreciar su esencia; en dicho proceso ésta nunca deviene subjetividad basura.

Interesante artículo y aún más interesante polémica; Lars von Trier no deja a nadie indiferente…
Aunque no voy a dar mi opinión (subjetiva y carente de importancia en un mundo entregado a la hiperinflación egoica y la universalización de la doxa), sí me resulta extraño situar a Trier en esa “liga de honor” formada por Tarkovsky, Dreyer, Bergman, Antonioni… Siempre pensé que el danés articula otros códigos, que su lenguaje es más híbrido, menos encorsetable, más “tectónico”; las diferencias me resultan abismales, por eso me da curiosidad que lo introduzcas en ese panteón ilustre, que lo hagas “rehén de una genealogía sagrada” (con todas las comillas posibles, visibles y no visibles)
por otra parte, en el artículo de Vilas leo lo siguiente:
“Un director como Lars von Trier arruina y humilla artísticamente a todos los directores de cine que tienen la desgracia de ser sus contemporáneos”.
Una afirmación bastante discutible cuando Trier es contemporáneo, nada menos, que de Pedro Costa, Béla Tarr (espléndida la película a la que te referiste en otra entrada), Tsai Ming-liang, Apichatpong Weerasetakhul, Chantal Akerman, Lisandro Alonso, Naomi Kawase, Jia Zhang-ke o el inefable Sokurov de “Voces espirituales”, entre otros. Aunque la cinefilia es dada a yihadismos y ferocidades de toda índole, conviene ver más cine antes de hacer afirmaciones de este calibre,
saludos
Lars von Trier es muy distinto a Bergman, Tarkovsky, etc. Sí, sus diferencias son abismales como bien dices. Me gusta que me hayas comentado lo de Villas. Precisamente muchas personas le recriminaron esto en la conversación de facebook a la que hago referencia en el post. Por supuesto mi opinión coincide con la tuya. Tampoco estoy de acuerdo con nada de lo que dice en la siguiente entrada, sobre todo el segundo punto que me parece una estupidez: http://manuelvilas.blogspot.com/2011/11/mas-sobre-melancholia.html
Pero no me negarás que tratar la contraposición entre la visión apocalíptica de Hollywood frente a la lírica de Von Trier es acertado. El problema es que luego se pierde en sus sentencias categóricas.
saludos,
Me gusta la forma en que rebates los argumentos de Rodríguez, pero también difiero de ti en otros puntos.
Aquí más detalles:
http://deiknymi.blogspot.com/2011/12/no-oyes-caer-las-gotas-de-mi-polemica.html
Carlota,
en efecto, el segundo punto de Vilas es bastante discutible. Te confieso que no entiendo bien esa tendencia, tan hispánica, a hacer tabla rasa con afirmaciones categóricas, simplificando a los “otros”, reduciendo al absurdo, ignorando esa multiplicidad enriquecedora de las artes, los puntos de vista, las personas, etc. Parece un residuo teológico, la sumisión a una verdad única: una de las principales lacras de la mirada etnocéntrica, frente a una visión estética “politeísta”, abierta a otros lenguajes. Es lo que me aleja de Lector Mal-herido, de Javier Marías y de Vilas, entre otros.
Sí me gusta la contraposición entre lo apocalíptico made un Hollywood y lo apocalíptico desde otras perspectivas. ¿Has visto “The Hole”, de Tsai Ming-liang? Es otra película en este sentido: la humanidad está amenazada por una rara enfermedad que hace que los seres humanos pierdan la razón y se comporten como insectos. Una película dura, implacable en el diagnóstico de ciertos “males contemporáneos”, y que a la vez es… ¡un musical! (sus escenas desoladas, sus páramos existenciales están ritmados por números musicales de estética retro: una delicia). Desesperación y humor en un frágil equilibrio… Si no la has visto te la recomiendo con fervor.
Y aunque se sale un poco del tema, ¿conoces “Ladoni”, de Artur Aristakisyan? Llevo unos meses dándole vueltas a esta película. Decir embriaguez, decir temblor es poco…
Aquí está sin subs. pero al menos puedes hacerte una idea de la textura visual (aunque los textos son fundamentales porque llevan la película a un lugar extraño, extrañísimo, donde uno ha de revisar casi todos sus códigos cinéfilos):
saludos!
Adrían, me ha gustado muchísimo tu post. Dices cosas muy acertadas, sobre todo tu comparación con “Sacrificio”.
Stalker, estoy totalmente de acuerdo con la “tendencia hispánica” que comentas. Es francamente lamentable. Muy a mi pesar no he visto las pelis que has citado. Me las apunto y las veré lo más pronto posible. Este tema me fascina.
Gracias y saludos a ambos.
He visto hoy Melancholia y me ha parecido muy bella e interesante.